+Plomo en la sangre +++++++++++++++ La Oroya es un pueblo a 175 KM de Lima, se llega a ella por la carretera central luego de 4 horas de viaje desde Lima. Sus 3700 metros sobre el nivel del mar hacen que el clima sea extraño, y la respiración se vuelva difícil para los visitantes costeños. Sus más de 30,000 habitantes viven directamente o indirectamente de las operaciones mineras, así como de actividades comerciales relacionadas a la minería. Dentro de los primeros años de funcionamiento quedó en evidencia el gran problema de contaminación de aires, suelos y aguas que esta refinería generaba. Debido a las quejas de autoridades y pobladores, en 1924, el gobierno peruano ordenó la colocación de filtros en las chimeneas, pero su débil autoridad o la corrupción de los funcionarios, hizo que solo después de muchos años, en 1942, se instalaran estos filtros. En realidad el problema de contaminación nunca paró ni disminuyó, es más, aumentó por el incremento de las operaciones, y por el poco control de los responsables de la operación. Desde la misma instalación de la refinería, los ganaderos de las punas se vieron perjudicados por la contaminación de los suelos, principalmente por plomo, arsénico, cadmio y antimonio, que caía en sus terrenos y contaminaba los pastos que debía comer su ganado, y no solo los de zonas cercanas a la refinería, sino también los de zonas lejanas, a as cuales llegaba las partículas de metales por acción de los vientos. Luego, en los años 70´s la refinería pasó a manos del estado, a través de Centromin Perú, lo cual agravó el problema, llevándose a cabo las operaciones en peores condiciones, con menores controles y mayor impacto en la salud de la población, contaminación de las aguas del río Mantaro y de lagunas alto andinas. Luego, en 1997 se privatizó, pasando a manos de la controvertida Doe Run, empresa americana con operaciones en varios países del mundo. Actualmente la población de La Oroya tiene graves problemas de salud, que van desde problemas respiratorios por el aire de baja calidad (causado entre otros por dióxido de azufre), hasta contaminación de plomo en la sangre. Según estudios realizados entre 1999-2001, la cantidad de plomo en la sangre del 99% de los niños menores de edad, está entre 15 y 80 microgramos por decilitro de sangre, siendo el límite máximo de 10. Esto puede causar desde déficit de atención, trastornos en el nivel del aprendizaje y la conducta, hasta convulsiones, cáncer y muerte. De esta población el 20% requiere hospitalización urgente, pero lamentablemente no existen servicios de salud adecuados. Pero los pobladores de La Oroya son los únicos afectados, pues las aguas del río Mantaro, que pasan por el pueblo, llevan en sus aguas hacia la selva amazónica, muchos metales pesados, que afectan a la vida silvestre, y que luego afectan a la población, a pescar o cazar animales contaminados. El gobierno buscó solucionar esta situación al vender la planta a Doe Run, quien como nuevo propietario del negocio tiene también los pasivos ambientales, y por ello debe cumplir con el programa de adecuación medio ambiental o PAMA, que tiene por objetivo eliminar las fuentes de contaminación, el cual debe estar terminado en su mayor parte para diciembre de 2006. Sin embargo la empresa americana, desde fines del 2005 indicó que no podría cumplir con las fechas acordadas, aduciendo problemas financieros. Otra justificación de la empresa, es decir que el problema ambiental de La Oroya tiene mas de 80 años, y que desde solo 8 años es su responsabilidad, y que no podrán solucionar en tan poco tiempo todo el daño ambiental que se hizo en décadas. Mientras tanto, la empresa esta manipulando a la población, soltando especulaciones por la bajo, como que si no se posterga el PAMA, tendrán que cerrar la operación, lo cual dejaría sin trabajo a miles de familias, siendo este su único ingreso de dinero. Entonces no debe extrañarnos que ante esta amenaza, se hayan producido marchas en apoyo a Doe Run por parte de la gente de La Oroya. Esta presión para apoyar la postergación el PAMA, llega incluso a manipular algunos medios de comunicación locales (vea el web site www.oroya.com.pe, en donde se apoya a la empresa)- Recordemos que Doe Run no es la única responsable, pues el estado peruano operó también esta refinería, y nada hizo por mejorar la operación, hasta llevó a una situación critica a Centromin, lo cual obligó a su privatización. Entonces, podemos encontrar graves deficiencias por parte del estado peruano (no solo los gobiernos actuales), que no garantiza la salud de la población, al permitir que el problema de contaminación de La Oroya continúe, al no tener firmeza en los tratos, y mientras tanto no proporciona atención médica básica a la población, para aminorar los efectos negativos de la contaminación en la salud, atención que deberá continuar mucho tiempo después de terminar las emisiones contaminantes, pues será un proceso largo de descontaminación de los organismos. A nosotros como ciudadanos peruanos nos toca exigir a las autoridades respeto por la salud y la vida de las personas, respecto por el cumplimiento de las leyes y reglamentos, y exigir el dinero no se vea como el fin supremo de todo (más recaudación de impuestos), y que termine la corrupción a todo nivel. Tenemos el poder otorgado por el voto, por las manifestaciones pacificas y otros caminos para dar a conocer nuestra molestia. Los peruanos deben comenzar a exigir a los gobernantes con más fuerza el respeto por el medio ambiente, por su salud. Mientras tanto el problema de La Oroya continúa, negando a muchas personas, igualdad de condiciones, y cerrándoles las puertas a una vida digna.
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